lunes, 29 de septiembre de 2014

Granada de mano

El Barça le endosó el sábado un set en blanco al Granada. Lo que debería ser algo normal (con todo el respeto para el conjunto de Joaquín Caparrós) no puede convertirse en un alarde de alegría desmesurada. Se entiende que meterle seis goles al rival después de un tropiezo como el de Málaga
-que, dicho sea de paso, espero y deseo que solo fuese un espejismo, pues en La Rosaleda me pareció ver un retrato del Barça del año pasado- tranquilice a ese sector de la afición ávido de goles y espectáculo en el que me incluyo. Ahora bien, no hay que lanzar las campanas al vuelo.

Me gustó algo que dijo Luis Enrique hace poco, eso de que "el elogio debilita", porque es especialmente aplicable a equipos como el Barça, con jugadores acostumbrados a ganar siempre.
Es evidente lo balsámico del 6-0 de este fin de semana porque ayuda a recuperar la confianza (de jugadores y seguidores) tras un partido apático y tosco como el del pasado miércoles, pero no debe servir el 'borrón y cuenta nueva' culé con una goleada en el Camp Nou ante un rival (muy) débil cada vez que se venga de pinchar por ahí.

A este equipo hay que exigirle más para que no caiga en las redes de la autocomplacencia y la autocrítica endulzada ("es difícil jugar contra nueve defensas"). El Barça debe buscar alternativas ante la adversidad, porque la va a encontrar, y bastante, a lo largo de la temporada. El próximo escollo, el de mañana en París, debería solventarse de forma autoritaria dando el primer puñetazo en la mesa de la temporada.

Lo digo desde ya: no me va a servir mañana por la noche escuchar las justificaciones de los jugadores azulgranas tras un empate o incluso una derrota ante el PSG. No. Está claro que el Paris Saint-Germain tiene muy buen equipo (y algunas bajas importantes), que el escenario de la Champions le da un toque claramente diferente al partido y que el duelo en sí será el más difícil para el Barça en lo que va de temporada, pero repito, los de Luis Enrique tienen que ser capaces de imponerse con solvencia en el Parque de los Príncipes. Lo demás no me vale.

Volviendo al partido contra el Granada, el Barça fue capaz de sacudirse la presión del rival en el primer tramo del encuentro y, sin ofrecernos nada que no hayamos visto ya esta temporada -en el aspecto positivo-, nos vendió una vistosa victoria. El binomio Messi-Neymar funciona a la perfección, Rakitic se está erigiendo en uno de los líderes de la afición, Xavi sigue siendo tan bueno que puede jugar partidos así y dar la sensación de estar en el mejor momento de su carrera y hasta Alves centra bien (véase el 4-0).

Confianza, sí. Autocomplacencia, no. La autocomplacencia puede acabar siendo una granada que te explota en la mano.
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