viernes, 9 de enero de 2015

PalCopa

Messi hizo que el Camp Nou se tomase la Copa en calma

No todos los días uno puede disfrutar de un partido en el Camp Nou y, menos aún, de hacerlo desde un palco privado.
Y ahí estábamos mi hermano, yo y unos amigos disfrutando desde ese espacio VIP de un Barça-Elche de octavos de Copa del Rey que se antojaba casi como un paréntesis competitivo entre la última derrota liguera y el que se presupone un difícil partido contra el Atlético.

El encuentro tuvo de todo: vino, cerveza, cava, cátering salado y dulce...
No, en serio. Más allá de la embriaguez personal producida por la privilegiada localización (y la que lograron el tinto y la Alhambra Negra, seamos honestos), se pudo disfrutar de un muy buen partido del Barça, que salió casi con el equipo de gala a ganar desde el primer minuto, sin especular y con la intención de hacer su fútbol y desarmar, de paso, la idea de Fran Escribá de que el Elche llegara con vida al partido de vuelta en el Martínez Valero.
Messi, Neymar y Suárez se pusieron las pilas nuevamente y dieron buena muestra de su calidad ya durante los primeros minutos, aunque la lata franjiverde tardó 34 minutos en abrirse. Gran recuperación de Suárez, combinación Messi-Sergi Roberto (muy correcto) nuevamente con el uruguayo y Neymar finalizando casi a puerta vacía. Jugada de tiralíneas que dejaba intuir por dónde iban a ir los tiros. Cinco minutos después, Luis Suárez calcando el movimiento del gol que le hizo al APOEL y poniendo el segundo, antes de que Messi hiciera de penalti el tercero sobre la bocina del descanso.
Tres a cero en la primera mitad. Desde la grada de animación corrieron los cánticos y se coreó el nombre de Luis Enrique, algo a lo que la gran mayoría de aficionados (esos pobres infelices que no eran VIP) respondió con sonoros silbidos y con otro nombre, Messi, en respuesta a modo de barómetro sobre las preferencias del aficionado culé en ese pulso tenso entrenador-estrella del equipo.

Durante el descanso, mientras satisfacía mi necesidad nicotínica, pensaba en si el técnico del Elche tendría ese alarde de locura para hacer jugar al único jugador visitante que nos interesaba, Víctor Rodríguez, así como al goleador del equipo, Jonathas, en un intento de darle vidilla a la eliminatoria en lugar de pensar con tanta cordura en las aspiraciones reales del conjunto ilicitano y en su próximo compromiso liguero en San Mamés. No hubo suerte y nos quedamos sin ver a Víctor (mi padre y mi sobrino sí lo hicieron y, de hecho, llegaron a hablar con él desde la banda para que el barberense se dejara fotografiar, algo a lo que accedió amablemente).

Con el partido cada vez más resuelto gracias al 4-0 de Jordi Alba y al quinto, obra nuevamente de Neymar (goles que me perdí por prestarle más atención al cava que al fútbol, pero que pude ver repetidos por la tele que había en nuestra sala), el encuentro acabó de tener aliciente definitivamente -más allá de si el Barça lograba algún gol más- cuando el Elche hacía el tercer cambio.
En el palco que quedaba a nuestra derecha, sus ocupantes, aficionados del Elche, animaban al polaco Tyton en la portería visitante. Yo iba apurando mi vaso de plástico y acordándome de una frase pronunciada por Cruyff: "Cuando vas ganando 4-0 y quedan 10 minutos de partido, es mejor dar al poste un par de veces para que el público grite 'ooooh'. Siempre me ha encantado ese sonido cuando la pelota da con fuerza al poste..."
Pues esa era la única esperanza que nos quedaba, que el Barça metiera alguno más o que al menos siguiera dándole emoción al partido, en pause desde el minuto 59, con alguna ocasión clara.
Pedro tuvo la suya al poco de entrar y Messi y Suárez lo siguieron intentando para aumentar la ya inexorable ventaja. Fueron cinco los goles del Barça al final, pero pudieron ser siete u ocho tranquilamente a tenor de las ocasiones claras de Neymar en la primera parte, de un claro penalti no señalado sobre el brasileño y de un gol (mal) anulado a Messi por fuera de juego.
El Elche no llegó a tirar a puerta en todo el partido, algo que no pareció que fuese a quitarle el sueño a nuestros vecinos de palco franjiverdes.

27000 asistentes (una entrada floja, floja) abandonaron el Estadi.
Y entre ellos, nosotros, dejando atrás aquel partido de Copa (vaya que sí lo fue), las bebidas y la comida de aquel palco de Prosegur al que cortésmente fui invitado y al que probablemente nunca volveré.
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