El Barça-Getafe abría la jornada del sábado en el Camp Nou. Los de Martino, obligados a ganar para mantener una rendija de esperanza por la Liga, pero la Liga se les ha esfumado.
Después del emotivo vídeo de homenaje a Tito Vilanova y del minuto de silencio por este, los azulgranas salieron sin demasiada urgencia, a tocar y tocar hasta abrir el marcador. Enfrente, un equipo que planteó el partido como lo haría cualquier conjunto que se estuviese jugando la permanencia, y más en el Camp Nou: bien organizado atrás, replegado, y a intentar aprovechar los balones largos. El Getafe, pues, basó sus esperanzas y su juego en el apellido de su propio técnico, Cosmin Contra.
El Barça elaboraba y llegaba al área rival sin demasiada claridad ni inquietud para los azulones. Solo en el ecuador de la primera parte los del Tata Martino lograron trenzar una buena jugada por banda derecha. Alves puso el centro y Messi el 1-0 y su gol número 28 en esta Liga.
Un cuarto de hora más tarde llegó la jugada polémica del partido. Falta para el Geta en la frontal del área culé, a Pablo Sarabia solo se le ocurre poner el balón en juego de cuchara y Lafita, que parece acomodarse el balón con el brazo y desplazar a Pedro, suelta un remate cruzado y hace el 1-1. El asistente levanta el banderín y la incertidumbre reina en el Camp Nou. Finalmente, Teixeira Vitienes concede el tanto. Poco más y descanso.
En la segunda parte, el Barça siguió dominando, con más balón que mordiente ofensiva ni gol, pero parece que lo empezó a buscar cada vez con más ahinco hasta que, en el 59', los azulgranas consiguen hilvanar otra buena jugada por banda derecha, Cesc (que acababa de entrar) pone el balón atrás y Alexis, tras un rebote, acaba fusilando al brasileño Júlio César y hace el 2-1.
El partido recordó bastante al que hizo el Barça ante el Betis hace cuatro jornadas. Los azulgranas, a pesar de ser bastante superiores a su rival, no sabían cómo hacerle daño a este y tampoco parecían muy preocupados en querer matar el partido lo antes posible. El meta visitante sacó una gran mano a un fuerte disparo de Messi desde fuera del área, Adriano se empeñó -sin acierto- en hacer su clásico gol de rosca y Alexis la volvió a tener con un poco ortodoxo remate de pecho que tocó el larguero. Y el que la hace, la acaba pagando. Cuando todos miraban el reloj, resoplando y dando por hecho que la victoria estaba al caer, un jarro de agua fría acabó de apagar las opciones ligueras del Barça. Minuto 92, centro por banda izquierda de Gavilán y, de nuevo Lafita (ahora de cabeza y sin oposición), pega un sartenazo en el Camp Nou para poner en el marcador el definitivo 2-2, resultado que le otorga al Getafe un punto que sabe a victoria en su sueño de permanecer en Primera y que hunde a un Barça que no ha podido dedicarle la victoria a Tito Vilanova ni, menos aún, dar una buena imagen.
domingo, 4 de mayo de 2014
viernes, 2 de mayo de 2014
La historia interminable (del Benfica)
El Benfica ha vuelto a llegar a una final europea. No será la final de la Champions en su propio estadio, sino que jugará en Turín la final de la Europa League, frente al Sevilla.
En la vitrina internacional del club lisboeta destacan únicamente las Copas de Europa conquistadas en 1961 (3-2 en la final frente al Barça) y 1962 (5-3 en la final al Madrid). El austro-húngaro Béla Guttmann era el entrenador de aquel equipo. Tras pedir un aumento de sueldo a la entidad portuguesa fue despedido, lanzando casi un mal de ojo al Benfica cuando aseguró que "el Benfica sin mí nunca ganará una final europea". Y es verdad.
Al año siguiente de su marcha, el Benfica volvió a llegar a la final de la Copa de Europa, en la que el Milan de Nereo Rocco venció por 2-1, con dos goles de Altafini por uno del mítico Eusébio. Dos años más tarde, las águilas se volvieron a plantar en la final... y volvieron a perderla, esta vez ante el Inter de Milán -dirigido por Helenio Herrera- por 1-0 (gol de Jair Da Costa).
Supongo que, por si las moscas, los mandatarios del Benfica decidieron volver a llamar a Guttmann, porque dos finales perdidas empezaban a sonar a maldición. La temporada de la vuelta de Guttmann, la 65-66, el Benfica cayó en Cuartos de final ante el Manchester United por un 8-3 en el cómputo global de la eliminatoria, en una edición en la que el Real Madrid acabaría conquistando su sexto título. Béla Guttman se fue para no volver nunca más, pero el que sí volvería a la final sería el Benfica en 1968, final disputada en Wembley, en la que otra vez el Manchester United de George Best y Bobby Charlton aplastó al conjunto portugués por 4-1 (con tres goles en el descuento).
Pasarían 20 años hasta que el Benfica llegara de nuevo a la final de la Copa de Europa. Fue en 1988, en Stuttgart, contra el PSV Eindhoven. El partido acabó 0-0 y se tuvo que ir a la (más que nunca) fatídica tanda de penaltis. Un completo desconocido llamado Ronald Koeman anotó el primero y los holandeses se acabaron imponiendo por 6-5.
Por si los incrédulos pensaban que 'la maldición de Guttmann' hacía referencia simplemente a la Copa de Europa, se equivocaban. Cinco años atrás, en 1983, el Benfica había llegado a la final, esta vez de la extinta Copa de la UEFA, disputada a doble partido. Fue ante un Anderlecht entrenado por Sven-Göran Eriksson. En la ida, los belgas se impusieron por 1-0 en el Estadio de Heysel (dos años antes de la 'Tragedia') y, en la vuelta, en el Estádio da Luz, el partidó finalizó 1-1.
El 23 de mayo de 1990, el Benfica volvía a la final de la Copa de Europa. De nuevo ante el Milan, dirigido ahora por Arrigo Sacchi, en el Praterstadion (actual Ernst Happel) de Viena. El Milan conquistó su cuarto título gracias a un gol de Frank Rijkaard.
El Benfica ya no ha vuelto a jugar una final de la Champions League. Únicamente estuvo a punto de volver a alcanzar la gloria europea en la Europa League. Fue justamente el año pasado y todos conocemos el desenlace: el Chelsea ganó esa final 2-1. Torres hizo el 0-1, Cardozo igualó el marcador y, en el descuento, Ivanovic le daba el título a los blues de Rafa Benítez. La maldición de Guttmann era más que evidente y las palabras de aquel técnico de Budapest seguían pesando como una losa.
Este año en Turín, el Benfica tiene, como suele decirse, una cita con la historia. Eso sí, si yo fuese seguidor del Sport Lisboa e Benfica y mi equipo perdiera la final ante el Sevilla, haría un pensamiento. Ahora ya sí.
En la vitrina internacional del club lisboeta destacan únicamente las Copas de Europa conquistadas en 1961 (3-2 en la final frente al Barça) y 1962 (5-3 en la final al Madrid). El austro-húngaro Béla Guttmann era el entrenador de aquel equipo. Tras pedir un aumento de sueldo a la entidad portuguesa fue despedido, lanzando casi un mal de ojo al Benfica cuando aseguró que "el Benfica sin mí nunca ganará una final europea". Y es verdad.
Al año siguiente de su marcha, el Benfica volvió a llegar a la final de la Copa de Europa, en la que el Milan de Nereo Rocco venció por 2-1, con dos goles de Altafini por uno del mítico Eusébio. Dos años más tarde, las águilas se volvieron a plantar en la final... y volvieron a perderla, esta vez ante el Inter de Milán -dirigido por Helenio Herrera- por 1-0 (gol de Jair Da Costa).
Supongo que, por si las moscas, los mandatarios del Benfica decidieron volver a llamar a Guttmann, porque dos finales perdidas empezaban a sonar a maldición. La temporada de la vuelta de Guttmann, la 65-66, el Benfica cayó en Cuartos de final ante el Manchester United por un 8-3 en el cómputo global de la eliminatoria, en una edición en la que el Real Madrid acabaría conquistando su sexto título. Béla Guttman se fue para no volver nunca más, pero el que sí volvería a la final sería el Benfica en 1968, final disputada en Wembley, en la que otra vez el Manchester United de George Best y Bobby Charlton aplastó al conjunto portugués por 4-1 (con tres goles en el descuento).
Pasarían 20 años hasta que el Benfica llegara de nuevo a la final de la Copa de Europa. Fue en 1988, en Stuttgart, contra el PSV Eindhoven. El partido acabó 0-0 y se tuvo que ir a la (más que nunca) fatídica tanda de penaltis. Un completo desconocido llamado Ronald Koeman anotó el primero y los holandeses se acabaron imponiendo por 6-5.
Por si los incrédulos pensaban que 'la maldición de Guttmann' hacía referencia simplemente a la Copa de Europa, se equivocaban. Cinco años atrás, en 1983, el Benfica había llegado a la final, esta vez de la extinta Copa de la UEFA, disputada a doble partido. Fue ante un Anderlecht entrenado por Sven-Göran Eriksson. En la ida, los belgas se impusieron por 1-0 en el Estadio de Heysel (dos años antes de la 'Tragedia') y, en la vuelta, en el Estádio da Luz, el partidó finalizó 1-1.
El 23 de mayo de 1990, el Benfica volvía a la final de la Copa de Europa. De nuevo ante el Milan, dirigido ahora por Arrigo Sacchi, en el Praterstadion (actual Ernst Happel) de Viena. El Milan conquistó su cuarto título gracias a un gol de Frank Rijkaard.
El Benfica ya no ha vuelto a jugar una final de la Champions League. Únicamente estuvo a punto de volver a alcanzar la gloria europea en la Europa League. Fue justamente el año pasado y todos conocemos el desenlace: el Chelsea ganó esa final 2-1. Torres hizo el 0-1, Cardozo igualó el marcador y, en el descuento, Ivanovic le daba el título a los blues de Rafa Benítez. La maldición de Guttmann era más que evidente y las palabras de aquel técnico de Budapest seguían pesando como una losa.
Este año en Turín, el Benfica tiene, como suele decirse, una cita con la historia. Eso sí, si yo fuese seguidor del Sport Lisboa e Benfica y mi equipo perdiera la final ante el Sevilla, haría un pensamiento. Ahora ya sí.
El caballero rojiblanco: La leyenda renace
Como a casi todo aficionado al cine que conozco, reconozco que me gusta cuando el malo de la peli muere al final. Aprovechando que se cumplen 75 años de la creación de Batman, me gustó especialmente ver como el héroe de Gotham, que el miércoles vestía de rojiblanco, se deshacía en la penúltima escena del Joker Mourinho, que, dicho sea de paso, no le llega ni a la suela de las botas a Heath Ledger.
El Joker sabía que en su refugio de Stamford Bridge podría campar a sus anchas, que no saldría a encerrarse del todo como hizo con su equipo en Manzanares City. El primer golpe lo propinaron los 'blue villains' con un remate del antiguo amigo del Atlético de Bruce Wayne, Fernando 'Dos caras' Torres, que hacía que el Chelsea pasara en ese momento a la escena final.
El Robin colchonero, Adrián, hacía el empate al filo del descanso y los ciudadanos de Manzanares City recobraban la alegría.
En el segundo acto de la pelea, el Batman rojiblanco sentenciaba a su rival. Ocurrió con una pena máxima transformada después de una toma muy larga por el héroe (?) Diego Costa y por otro héroe, el barbudo Arda Turan.
El Batman rojiblanco había ganado la lucha al siempre tedioso Joker de Setúbal. La Liga de la Justicia había vuelto a triunfar.
El 24 de mayo, una última escena aguarda a los héroes de Simeone, que se tendrán que enfrentar a vida o muerte con su peor enemigo.
Solo puede quedar uno.
El Joker sabía que en su refugio de Stamford Bridge podría campar a sus anchas, que no saldría a encerrarse del todo como hizo con su equipo en Manzanares City. El primer golpe lo propinaron los 'blue villains' con un remate del antiguo amigo del Atlético de Bruce Wayne, Fernando 'Dos caras' Torres, que hacía que el Chelsea pasara en ese momento a la escena final.
El Robin colchonero, Adrián, hacía el empate al filo del descanso y los ciudadanos de Manzanares City recobraban la alegría.
En el segundo acto de la pelea, el Batman rojiblanco sentenciaba a su rival. Ocurrió con una pena máxima transformada después de una toma muy larga por el héroe (?) Diego Costa y por otro héroe, el barbudo Arda Turan.
El Batman rojiblanco había ganado la lucha al siempre tedioso Joker de Setúbal. La Liga de la Justicia había vuelto a triunfar.
El 24 de mayo, una última escena aguarda a los héroes de Simeone, que se tendrán que enfrentar a vida o muerte con su peor enemigo.
Solo puede quedar uno.
Dos debutantes y una abuela
Hace 25 años el Barça jugó un partido amistoso contra el Banyoles en la capital del Pla de l'Estany.
Hasta ahí todo normal. El partidó acabó con un contundente 2-6, pero eso es lo de menos. Ese día, Johan Cruyff había decidido subir al primer equipo a algunos canteranos, entre ellos Josep Guardiola -que más tarde se convertiría en pieza clave del Dream Team- y el malogrado Tito Vilanova. En aquel partido, precisamente fue el recientemente fallecido Vilanova quien sustituyó en el campo al de Santpedor.
Lo más anecdótico de ese encuentro fue algo que solo he leído en una biografía de Pep Guardiola, cuando yo era pequeño, llamada La meva gent, el meu futbol de la Col·lecció Sport, libro editado por el diario deportivo catalán. En esa biografía, una de las cosas que más me llamó la atención fue la reacción del técnico holandés al partido de Guardiola. Pep no solo había debutado, sino que lo había hecho marcando un hat-trick -algo inédito teniendo en cuenta la escasa capacidad goleadora que demostraría una vez asentado en el primer equipo, cosa que no era su cometido, por otro lado-. De hecho, el partido acabó 0-3 al descanso gracias a su triplete. Pep Guardiola abandonó el terreno de juego extático, con la sensación de estar jugando el mejor partido de su vida. Lejos de felicitarle por su juego y por sus tres goles, Cruyff le recriminó diciéndole en el vestuario, y cito textualmente: "Has estado más lento que mi abuela".
Hasta ahí todo normal. El partidó acabó con un contundente 2-6, pero eso es lo de menos. Ese día, Johan Cruyff había decidido subir al primer equipo a algunos canteranos, entre ellos Josep Guardiola -que más tarde se convertiría en pieza clave del Dream Team- y el malogrado Tito Vilanova. En aquel partido, precisamente fue el recientemente fallecido Vilanova quien sustituyó en el campo al de Santpedor.
Lo más anecdótico de ese encuentro fue algo que solo he leído en una biografía de Pep Guardiola, cuando yo era pequeño, llamada La meva gent, el meu futbol de la Col·lecció Sport, libro editado por el diario deportivo catalán. En esa biografía, una de las cosas que más me llamó la atención fue la reacción del técnico holandés al partido de Guardiola. Pep no solo había debutado, sino que lo había hecho marcando un hat-trick -algo inédito teniendo en cuenta la escasa capacidad goleadora que demostraría una vez asentado en el primer equipo, cosa que no era su cometido, por otro lado-. De hecho, el partido acabó 0-3 al descanso gracias a su triplete. Pep Guardiola abandonó el terreno de juego extático, con la sensación de estar jugando el mejor partido de su vida. Lejos de felicitarle por su juego y por sus tres goles, Cruyff le recriminó diciéndole en el vestuario, y cito textualmente: "Has estado más lento que mi abuela".