Buena tarde de fútbol la que se ha visto en el Camp Nou. Con un Barça que parece estar completamente recuperado de sus males.
Los de Martino han salido a por faena y, a pesar de que en los primeros compases de juego el Osasuna ha llegado con cierto peligro al área azulgrana, pronto las cosas se han puesto en orden para los intereses culés y el Barça ha vuelto a desplegar su mejor fútbol, con triangulaciones, juego vertical, horizontal, toque, muchísima posesión y, por si fuera poco, un elevado acierto ofensivo. Messi abría el marcador en el 17' con una buena jugada colectiva que el argentino acababa apuntalando. Igualaba a Paulino Alcántara como máximo goleador en la historia del Barça.
Cuatro minutos después llegaba el segundo tras una gran combinación entre Iniesta y Alba, que recibe la pared del manchego, pase de la muerte para Alexis y adentro. Y en el 33', golazo de Andrés Iniesta con la zurda y desde fuera del área para sorprender a Andrés Fernández, casi el mejor de los pamplonicas. A destacar en la primera mitad el gran partido de Pedro, que estaba destrozando por banda izquierda, reivindicándose para estar la semana que viene en el Clásico.
Tras el descanso, misma tónica. El Barça seguía tocando y llegando a la portería de un Osasuna ya indefenso. En el 63', jugada personal de Messi, que se cruza con Iniesta (¡Vaya dos!) y este la deja atrás para que Leo haga el cuarto de la tarde y el segundo en su cuenta particular, lo que le convertía, ya sí, atended bien, en el máximo goleador de la historia del FC Barcelona.
Martino dio entrada a Tello en detrimento de Alexis (también entraron Song y Adriano por Xavi y Mascherano, respectivamente) y, prácticamente en el primer balón que toca el de Sabadell, se zafa de hasta tres contrarios y suelta un derechazo imparable al palo largo que nadie adivinó.
A dos minutos para el final, Messi recibe una asistencia de Alves solo dentro del área, se lo piensa y la acaba poniendo lejos del alcance del meta rojillo para firmar el hat trick (no podía acabar mejor la tarde para el argentino), que sitúa a Messi con 18 goles en esta liga. Ya en el descuento, una asistencia del propio Messi la acabó convirtiendo Pedro -hoy soberbio- para ponerle la guinda a su partidazo. 7-0, final del partido. A destacar la ovación que el público del Camp Nou le dedicó al excanterano Oriol Riera al ser sustituido (también jugó en Osasuna el exazulgrana Cristian Lobato).
Ahora, los del Tata vuelven a estar a cuatro puntos del Madrid (y a uno del Atlético). El Barça, por cierto, es, con 81 goles, el equipo más realizador de Europa. Goles como los de hoy que, sin duda, le darán moral a los azulgranas para afrontar el determinantísimo partido que les espera el próximo domingo. A ver si también es plácido.
domingo, 16 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
Buenas noches
En el fútbol, un sábado puedes estar acabado y, cuatro días después, reivindicarte y ser el mejor. Eso es lo que hizo justamente anoche el Barça en la vuelta de octavos de final de la Champions ante el Manchester City.
Cuando se celebró el sorteo de octavos en diciembre, muy pocos eran los que apostaban decididamente por los de Martino, muy pocos habrían confiado en que los azulgranas ganarían tanto en la ida como en la vuelta y, menos aún, con un resultado global de 4-1 y exhibiendo un fútbol como el que ha desplegado el conjunto culé en ambos partidos. Y volviendo al sábado pasado, en el que un desganado e irreconocible Barça cayó en Valladolid, casi nadie las tenía todas consigo de cara a la vuelta ante el City, no por no ser los del Tata capaces de superar una eliminatoria que tenían bien encarrilada, sino por mostrarse como verdaderamente son sobre el césped: maestros del balón que, si juegan al cien por cien, pueden ganarle a cualquiera. Sin embargo, para estar en óptima forma, todo el equipo debe estarlo, y eso es algo que anoche volvió a verse en el Camp Nou. Ni qué decir tiene lo brillante y desequilibrante que fue el juego de unos magistrales Iniesta y Messi que llevaron al equipo en volandas hacia cuartos. También es innegable que el equipo entero supo estar a la altura (quizás los más flojos fueron Neymar y Cesc) de un partido que exigía nivel, concentración, compromiso, actitud (la que había faltado en anteriores encuentros) y saber hacer sobre el campo. Los mejores fueron, sin ninguna duda, el argentino, que en partidos así invita a ser muy optimista en un futuro no muy lejano, y el manchego, que volvió a brillar y a encandilar a los aficionados culés tratando de devolverles, en forma de fútbol en mayúsculas, todo el apoyo y el cariño que le habían brindado tras los problemas personales que Andrés había vivido en los últimos días. La defensa estuvo de diez, tanto en las bandas con el enchufadísimo Jordi Alba y un decisivo Dani Alves (otro día hablamos de sus bailes y de sus gestos), como en el centro de la zaga con un irreprochable Mascherano y un atentísimo Piqué, que únicamente falló en el penalti no señalado sobre Dzeko (el árbitro, Stephane Lannoy, estuvo fatal, puesto que también se comió un penalti a Messi y un gol del Barça anulado tras un inexistente fuera de juego, dicho sea de paso).
En la medular, podemos decir que Xavi y Busquets no hicieron el mejor partido de sus carreras, pero el Barça mostró ayer una mayor solidez también en el centro del campo. Y eso que no lo tenía nada fácil con hombres como Touré o Fernandinho enfrente pero, siendo sinceros, el City no dio la sensación de poder remontar. El momentáneo empate de Kompany al final podría haber inducido a error a tenor de lo que se había visto sobre el campo, así que un minuto después Alves se incorporó al ataque y aprovechó una asistencia de Iniesta para poner el 2-1 y la justicia poética en el marcador.
Volviendo a Messi, que había hecho el 1-0 con aquel toque suyo de exterior con el que metía tantos goles hace un tiempo, estuvo superlativo. Intentó desequilibrar siempre, incluso encarando a tres o cuatro defensores en la frontal del área hasta llegar a línea de fondo -como también solía hacer antiguamente-, disparó desde fuera con ese remate suyo cruzado al que nunca llegaba el portero y tuvo un palo en otra jugada individual marca de la casa. En definitiva, si Leo juega con esas ganas y esa intensidad (y además está acertado de cara a portería) el Barça puede estar bastante seguro de que las defensas rivales lo van a pasar mal. Y si además le acompaña con su particular varita el mago de Fuentealbilla los aficionados al fútbol, que somos todos, lo vamos a pasar en grande.
Tiene que quedar muy clara la moraleja tras el partido de anoche: si se juega de esa manera no creo que nadie le pueda echar en cara, ni a Martino ni a los jugadores, perder un partido o caer eliminado, pero ojo, solo si se da todo en el campo y se juega (o al menos se intenta) jugar como se sabe. De otra forma, andando por el campo, sin ganas ni actitud, la derrota será imperdonable.
Segunda moraleja: jugando así, el Barça no habría pasado muchos apuros para ganar en Anoeta y en Zorrilla. Lo digo por la liga, esa competición en la que muchos dan por muerto al Barça. Tiempo al tiempo.
Por cierto, el Barça se mete en cuartos de final de la Champions por séptima vez consecutiva. A ver si el Barça es capaz de seguir dándonos las buenas noches.
Cuando se celebró el sorteo de octavos en diciembre, muy pocos eran los que apostaban decididamente por los de Martino, muy pocos habrían confiado en que los azulgranas ganarían tanto en la ida como en la vuelta y, menos aún, con un resultado global de 4-1 y exhibiendo un fútbol como el que ha desplegado el conjunto culé en ambos partidos. Y volviendo al sábado pasado, en el que un desganado e irreconocible Barça cayó en Valladolid, casi nadie las tenía todas consigo de cara a la vuelta ante el City, no por no ser los del Tata capaces de superar una eliminatoria que tenían bien encarrilada, sino por mostrarse como verdaderamente son sobre el césped: maestros del balón que, si juegan al cien por cien, pueden ganarle a cualquiera. Sin embargo, para estar en óptima forma, todo el equipo debe estarlo, y eso es algo que anoche volvió a verse en el Camp Nou. Ni qué decir tiene lo brillante y desequilibrante que fue el juego de unos magistrales Iniesta y Messi que llevaron al equipo en volandas hacia cuartos. También es innegable que el equipo entero supo estar a la altura (quizás los más flojos fueron Neymar y Cesc) de un partido que exigía nivel, concentración, compromiso, actitud (la que había faltado en anteriores encuentros) y saber hacer sobre el campo. Los mejores fueron, sin ninguna duda, el argentino, que en partidos así invita a ser muy optimista en un futuro no muy lejano, y el manchego, que volvió a brillar y a encandilar a los aficionados culés tratando de devolverles, en forma de fútbol en mayúsculas, todo el apoyo y el cariño que le habían brindado tras los problemas personales que Andrés había vivido en los últimos días. La defensa estuvo de diez, tanto en las bandas con el enchufadísimo Jordi Alba y un decisivo Dani Alves (otro día hablamos de sus bailes y de sus gestos), como en el centro de la zaga con un irreprochable Mascherano y un atentísimo Piqué, que únicamente falló en el penalti no señalado sobre Dzeko (el árbitro, Stephane Lannoy, estuvo fatal, puesto que también se comió un penalti a Messi y un gol del Barça anulado tras un inexistente fuera de juego, dicho sea de paso).
En la medular, podemos decir que Xavi y Busquets no hicieron el mejor partido de sus carreras, pero el Barça mostró ayer una mayor solidez también en el centro del campo. Y eso que no lo tenía nada fácil con hombres como Touré o Fernandinho enfrente pero, siendo sinceros, el City no dio la sensación de poder remontar. El momentáneo empate de Kompany al final podría haber inducido a error a tenor de lo que se había visto sobre el campo, así que un minuto después Alves se incorporó al ataque y aprovechó una asistencia de Iniesta para poner el 2-1 y la justicia poética en el marcador.
Volviendo a Messi, que había hecho el 1-0 con aquel toque suyo de exterior con el que metía tantos goles hace un tiempo, estuvo superlativo. Intentó desequilibrar siempre, incluso encarando a tres o cuatro defensores en la frontal del área hasta llegar a línea de fondo -como también solía hacer antiguamente-, disparó desde fuera con ese remate suyo cruzado al que nunca llegaba el portero y tuvo un palo en otra jugada individual marca de la casa. En definitiva, si Leo juega con esas ganas y esa intensidad (y además está acertado de cara a portería) el Barça puede estar bastante seguro de que las defensas rivales lo van a pasar mal. Y si además le acompaña con su particular varita el mago de Fuentealbilla los aficionados al fútbol, que somos todos, lo vamos a pasar en grande.
Tiene que quedar muy clara la moraleja tras el partido de anoche: si se juega de esa manera no creo que nadie le pueda echar en cara, ni a Martino ni a los jugadores, perder un partido o caer eliminado, pero ojo, solo si se da todo en el campo y se juega (o al menos se intenta) jugar como se sabe. De otra forma, andando por el campo, sin ganas ni actitud, la derrota será imperdonable.
Segunda moraleja: jugando así, el Barça no habría pasado muchos apuros para ganar en Anoeta y en Zorrilla. Lo digo por la liga, esa competición en la que muchos dan por muerto al Barça. Tiempo al tiempo.
Por cierto, el Barça se mete en cuartos de final de la Champions por séptima vez consecutiva. A ver si el Barça es capaz de seguir dándonos las buenas noches.
domingo, 2 de marzo de 2014
Los gatos negros tienen seis vidas
Los black cats del Sunderland han perdido esta tarde en Wembley una de sus siete vidas.
No debe de ser fácil para los jugadores ni para los aficionados de un club modesto, como es el Sunderland AFC, saber que tu equipo ganó su último título en 1973. Menos fácil debe de ser todavía saber que la posibilidad de llevar un título a esas vitrinas cuatro décadas después pasa por ganar en la final de la
Capital One Cup al todopoderoso Manchester City, pero casi indigerible parece que, cuando a los diez minutos te adelantas en el marcador, estás siendo superior al contrario y vas a poder aguantar el resultado y devolverle la gloria a tu club, el rival te remonte en un minuto y tus ilusiones se borren de un plumazo. Y así ha sido.
Fabio Borini adelantó al conjunto rojiblanco a los diez minutos de juego. El italiano cedido por el Liverpool recibió un pase largo, se fue con facilidad de Kompany y definió a la perfección ante el hoy portero titular citizen Pantilimon. Parecía que el conjunto de Mánchester reaccionaría enseguida, pero las ideas no fluían para los de Pellegrini, estancados al máximo, en parte por la sólida organización defensiva de los hombres de Gustavo Poyet que, lejos de conformarse con haber marcado y limitarse a encerrase atrás, continuaron queriendo jugar a fútbol y al (contra)ataque. Saltaba la sorpresa al descanso.
Tras la reanudación, los skyblues parecían seguir sin encontrar la tecla que debían presionar. Eso, hasta pasados diez minutos, cuando Touré puso el empate con un magnífico disparo con el interior de su pie derecho que se coló por la escuadra de la portería defendida por Mannone. El City había despertado. Y en el minuto siguiente, jugada por banda izquierda, centro atrás y Nasri, que había estado muy espeso, conecta con el exterior del pie para sorprender de nuevo al meta italiano y hacer el 2-1. Los black cats estaban panza arriba, al filo de la muerte después de los dos zarpazos que habían recibido. Pese a ello, el Sunderland no dio por perdida la final y siguió buscándolo, elaborando en el centro del campo (interesantísimo partido de Ki Sung-Yong, el "Gerrard coreano"), pero siendo poco eficaz cuando llegaba al área rival. También jugó en el Sunderland Marcos Alonso, hijo del exfutbolista homónimo y nieto del mítico Marquitos.
En el City, entraron en la segunda mitad Jesús Navas por un poco inspirado Agüero y, en los minutos finales, el hoy suplente Negredo en detrimento de Dzeko.
En el minuto 90, contra letal del Manchester, Touré se la cede a Navas y el sevillano acaba de matar al gato. 3-1 y primer título de la temporada para el City.
Los gatos negros tienen hoy una vida menos.
No debe de ser fácil para los jugadores ni para los aficionados de un club modesto, como es el Sunderland AFC, saber que tu equipo ganó su último título en 1973. Menos fácil debe de ser todavía saber que la posibilidad de llevar un título a esas vitrinas cuatro décadas después pasa por ganar en la final de la
Capital One Cup al todopoderoso Manchester City, pero casi indigerible parece que, cuando a los diez minutos te adelantas en el marcador, estás siendo superior al contrario y vas a poder aguantar el resultado y devolverle la gloria a tu club, el rival te remonte en un minuto y tus ilusiones se borren de un plumazo. Y así ha sido.
Fabio Borini adelantó al conjunto rojiblanco a los diez minutos de juego. El italiano cedido por el Liverpool recibió un pase largo, se fue con facilidad de Kompany y definió a la perfección ante el hoy portero titular citizen Pantilimon. Parecía que el conjunto de Mánchester reaccionaría enseguida, pero las ideas no fluían para los de Pellegrini, estancados al máximo, en parte por la sólida organización defensiva de los hombres de Gustavo Poyet que, lejos de conformarse con haber marcado y limitarse a encerrase atrás, continuaron queriendo jugar a fútbol y al (contra)ataque. Saltaba la sorpresa al descanso.
Tras la reanudación, los skyblues parecían seguir sin encontrar la tecla que debían presionar. Eso, hasta pasados diez minutos, cuando Touré puso el empate con un magnífico disparo con el interior de su pie derecho que se coló por la escuadra de la portería defendida por Mannone. El City había despertado. Y en el minuto siguiente, jugada por banda izquierda, centro atrás y Nasri, que había estado muy espeso, conecta con el exterior del pie para sorprender de nuevo al meta italiano y hacer el 2-1. Los black cats estaban panza arriba, al filo de la muerte después de los dos zarpazos que habían recibido. Pese a ello, el Sunderland no dio por perdida la final y siguió buscándolo, elaborando en el centro del campo (interesantísimo partido de Ki Sung-Yong, el "Gerrard coreano"), pero siendo poco eficaz cuando llegaba al área rival. También jugó en el Sunderland Marcos Alonso, hijo del exfutbolista homónimo y nieto del mítico Marquitos.
En el City, entraron en la segunda mitad Jesús Navas por un poco inspirado Agüero y, en los minutos finales, el hoy suplente Negredo en detrimento de Dzeko.
En el minuto 90, contra letal del Manchester, Touré se la cede a Navas y el sevillano acaba de matar al gato. 3-1 y primer título de la temporada para el City.
Los gatos negros tienen hoy una vida menos.
domingo, 23 de febrero de 2014
Don-hostia
Un mal planteamiento del Tata Martino, la bajísima intensidad de los jugadores azulgranas y un espectacular partido de la Real Sociedad le propinan un contundente revés a un Barça que venía de cuajar una semana perfecta.
La credibilidad y la confianza son muy similares: cuesta mucho tiempo ganárselas y se pueden perder en poco rato. Algo así le pasó anoche en Anoeta al Barça. Después de los últimos partidos, que habían generado optimismo e ilusión en el aficionado culé, la derrota por 3-1 ante la Real volvió a poner a los de Martino en su sitio en la liga. Empezando por el técnico argentino, que se equivocó rotundamente en el planteamiento, el Barça jugó ayer en San Sebastián un partido horrible.
Lejos de pretender ser ventajista por el resultado adverso de ayer, las rotaciones en el once inicial fueron una muy mala decisión. Primero, porque ante la Real Sociedad, ávida de venganza tras la reciente eliminación copera a manos del conjunto culé, no había lugar para la especulación. Había que salir a ganar sí o sí, más teniendo en cuenta que el Madrid había hecho lo propio ante el Elche y ya era líder provisional. Y segundo, porque el siguiente partido, el del fin de semana que viene (ya que no hay ningún partido entre semana) en el Camp Nou, ante el Almería es presumiblemente mucho más asequible y las rotaciones y los descansos tendrían mayor sentido. Ayer no. Ayer había que reivindicarse tras la victoria en Mánchester, que ya había puesto a más de uno por las nubes. La poca intensidad (de actitud no quiero ni hablar) hizo que el Barça regalara el partido prácticamente desde el minuto 1. Los txuri urdin fueron superiores durante todo el encuentro y cuajaron un partido sensacional, con especial mención para el pletórico Carlos Vela.
El conjunto local se adelantó en el marcador en el 32' con un remate con el pecho en propia meta de Song, titular ayer (primer error, porque la idea del Tata era que el camerunés acompañara en la medular a Busquets para crear juego y para contener las contras locales. El ex del Arsenal no hizo bien -como casi siempre- ni una cosa ni la otra.
A los cuatro minutos, llegó el empate azulgrana por mediación de Messi, tras pase de Montoya y después de que Busquets la dejara pasar por debajo de las piernas en un hábil movimiento. Solo fue un espejismo con el que se llegó al descanso.
En la reanudación, los donostiarras siguieron en su línea y, en el minuto 53', en una jugada en la que Bartra peina el balón hacia atrás (¡qué hace en el banquillo Mascherano, por favor!), se la lleva Vela, pone el esférico a la derecha y Griezmann (¿estás ahí, Adriano?) pone el 2-1 con su pierna menos buena.
El Barça empezaba a estar noqueado. Y la Real lo aprovechó, porque a los cinco minutos del segundo llegó el tercero. Balón suelto en el ataque derecho local, Griezmann levanta la cabeza con todo el tiempo del mundo y la acaba poniendo al punto de penalti para Zurutuza -que entra desde atrás, rompiendo el fuera de juego perfectamente- con la caña preparada para sentenciar el partido. Sentenciado, sin opción a réplica, porque el Barça no sabía qué hacer, ni a qué jugar, y más de uno no sabía del todo a qué había ido a San Sebastián, por lo que el marcador ya no se movió. Pautasso (Martino había sido expulsado al descanso por insultar al segundo entrenador realista) hizo entrar a Cesc y Alexis por Song y Montoya, respectivamente, pero era demasiado tarde. No había nada que rascar. Y suerte que en el minuto 80 el remate del mexicano Vela se estrelló en el palo porque habría sido el cuarto y ya humillante gol.
En definitiva, un Barça irreconocible en Donostia ("Donhostia", tras el varapalo) que ve trastocadas sus aspiraciones en liga. El Barça, además, no gana en Anoeta desde 2007. No hace falta recordar que esta no será la mejor temporada de los culés en el País Vasco.
Ahora, la liga pasa por lo que ocurra esta noche en El Sadar, donde el Atlético se la juega y, especialmente, por lo que suceda la semana que viene en el derbi madrileño en el Calderón. Seguiremos informando.
La credibilidad y la confianza son muy similares: cuesta mucho tiempo ganárselas y se pueden perder en poco rato. Algo así le pasó anoche en Anoeta al Barça. Después de los últimos partidos, que habían generado optimismo e ilusión en el aficionado culé, la derrota por 3-1 ante la Real volvió a poner a los de Martino en su sitio en la liga. Empezando por el técnico argentino, que se equivocó rotundamente en el planteamiento, el Barça jugó ayer en San Sebastián un partido horrible.
Lejos de pretender ser ventajista por el resultado adverso de ayer, las rotaciones en el once inicial fueron una muy mala decisión. Primero, porque ante la Real Sociedad, ávida de venganza tras la reciente eliminación copera a manos del conjunto culé, no había lugar para la especulación. Había que salir a ganar sí o sí, más teniendo en cuenta que el Madrid había hecho lo propio ante el Elche y ya era líder provisional. Y segundo, porque el siguiente partido, el del fin de semana que viene (ya que no hay ningún partido entre semana) en el Camp Nou, ante el Almería es presumiblemente mucho más asequible y las rotaciones y los descansos tendrían mayor sentido. Ayer no. Ayer había que reivindicarse tras la victoria en Mánchester, que ya había puesto a más de uno por las nubes. La poca intensidad (de actitud no quiero ni hablar) hizo que el Barça regalara el partido prácticamente desde el minuto 1. Los txuri urdin fueron superiores durante todo el encuentro y cuajaron un partido sensacional, con especial mención para el pletórico Carlos Vela.
El conjunto local se adelantó en el marcador en el 32' con un remate con el pecho en propia meta de Song, titular ayer (primer error, porque la idea del Tata era que el camerunés acompañara en la medular a Busquets para crear juego y para contener las contras locales. El ex del Arsenal no hizo bien -como casi siempre- ni una cosa ni la otra.
A los cuatro minutos, llegó el empate azulgrana por mediación de Messi, tras pase de Montoya y después de que Busquets la dejara pasar por debajo de las piernas en un hábil movimiento. Solo fue un espejismo con el que se llegó al descanso.
En la reanudación, los donostiarras siguieron en su línea y, en el minuto 53', en una jugada en la que Bartra peina el balón hacia atrás (¡qué hace en el banquillo Mascherano, por favor!), se la lleva Vela, pone el esférico a la derecha y Griezmann (¿estás ahí, Adriano?) pone el 2-1 con su pierna menos buena.
El Barça empezaba a estar noqueado. Y la Real lo aprovechó, porque a los cinco minutos del segundo llegó el tercero. Balón suelto en el ataque derecho local, Griezmann levanta la cabeza con todo el tiempo del mundo y la acaba poniendo al punto de penalti para Zurutuza -que entra desde atrás, rompiendo el fuera de juego perfectamente- con la caña preparada para sentenciar el partido. Sentenciado, sin opción a réplica, porque el Barça no sabía qué hacer, ni a qué jugar, y más de uno no sabía del todo a qué había ido a San Sebastián, por lo que el marcador ya no se movió. Pautasso (Martino había sido expulsado al descanso por insultar al segundo entrenador realista) hizo entrar a Cesc y Alexis por Song y Montoya, respectivamente, pero era demasiado tarde. No había nada que rascar. Y suerte que en el minuto 80 el remate del mexicano Vela se estrelló en el palo porque habría sido el cuarto y ya humillante gol.
En definitiva, un Barça irreconocible en Donostia ("Donhostia", tras el varapalo) que ve trastocadas sus aspiraciones en liga. El Barça, además, no gana en Anoeta desde 2007. No hace falta recordar que esta no será la mejor temporada de los culés en el País Vasco.
Ahora, la liga pasa por lo que ocurra esta noche en El Sadar, donde el Atlético se la juega y, especialmente, por lo que suceda la semana que viene en el derbi madrileño en el Calderón. Seguiremos informando.