Me gustaba ver aquellos partidos del Barça en la extinta Recopa de Europa y en la antigua Champions League, no por ver un partido necesariamente bueno ni de primer nivel, pero sí por ver jugar a mi equipo un duelo inédito o poco frecuente contra un equipo 'raro' al que nunca antes se había enfrentado, lo que añadía al encuentro un atractivo y un toque exótico.
Cuando el martes eche a rodar el balón en el tan esperado Manchester City-FC Barcelona, citizens y culés se enfrentarán por primera vez en su historia en partido oficial. Sin embargo, eso no significa que ambos equipos no se hayan visto antes las caras sobre el césped. Hasta en seis ocasiones se han enfrentado los dos equipos en partidos amistosos. Curiosamente, como pasa en los seis precedentes entre Barça y Madrid en lo que a finales coperas se refiere, el balance aquí también está tres a tres. El martes empezaremos a hablar en serio sobre el historial de partidos entre Barça y Manchester City, pero antes, un repaso a los antecedentes entre azulgranas y sky blues:
El primero de estos partidos se disputó el dos de junio de 1952 en el viejo campo de Les Corts, un partido en el que el FC Barcelona le endosó al Manchester City un contundente 5-1 (con hat trick de Kubala).
El duelo se reeditó en Les Corts cinco años más tarde, concretamente un ocho de mayo -a cuatro meses para que se inaugurara el Camp Nou- y el Barça se impuso esta vez por 3-2, con goles de Villaverde, Tejada y Sampedro por parte del conjunto catalán.
Idéntico resultado se produjo en el Camp Nou, ya en 1974, el doce de noviembre, esta vez con goles azulgranas de Juan Carlos, Cruyff y Marinho, en un partido que sirvió para celebrar el 75 aniversario del FC Barcelona.
El cuarto enfrentamiento llegaría en el '86, en la semifinal del trofeo Colombino, disputado en la capital onubense. Robert inauguró el marcador para el Barça y Wilson puso las tablas. Al final, el City se llevó la victoria en la tanda de penaltis.
El diez de agosto de 2003, en el torneo City of Manchester en el marco de la inauguración del estadio del Manchester City, los sky blues derrotaron a los culés de Rustu, Reiziger y compañía por 2-1, con goles de Anelka, de Saviola para hacer el empate y de Sinclair para la victoria local.
El último Barça-City se jugó en 2009, el diecinueve de agosto. Era el Gamper y un gol de Martin Petrov impidió que el trofeo se quedara en casa.
El martes empieza el historial de verdad con una eliminatoria de octavos de final de la Champions que bien podría ser la final.
domingo, 16 de febrero de 2014
Música en Mánchester
<<Where will it end? Where will it end?
Where will it end? Where will it end?>> reza el estribillo de Day of the Lords, el tema que más me gusta de Joy Division, la extinta banda natal de Mánchester, donde el Barça ha jugado tantas veces contra el United y donde jugará el martes por primera vez en partido oficial ante el City.
<<¿Dónde terminará?>> se preguntaban el epiléptico, líder y malogrado Ian Curtis y los suyos. Y yo me hago la misma pregunta ahora, tras ver los últimos partidos del Barça, especialmente el del domingo pasado en Sevilla y, sobre todo, el de ayer en casa frente al Rayo Vallecano. La casa, construyéndola así, parece que no vaya a tener techo. Los pupilos de Martino están volviendo a ser reconocibles y a hacer las cosas bien. Tanto, que lo que eran dudas hace apenas un mes, ahora es alegría desbordada y optimismo a raudales, pero ojo con el City.
Tras la exhibición de ayer ante el equipo de Jémez, es fácil y lógico mirar al Manchester City con vista desafiante y sin ningún complejo. Está claro que han vuelto los mejores Messi e Iniesta, que la defensa se va consolidando partido a partido, que Neymar está listo y que ha vuelto el fútbol de toque y precisión, de posesión, de espectáculo y que se va afinando la puntería y aumentando la producción goleadora. El 6-0 de anoche lo demuestra, pero ojo con el City.
El FC Barcelona juega el martes por primera vez en partido oficial contra el 'otro' equipo de Mánchester, cuna de bandas como los mencionados Joy Division (y los posteriores New Order), The Smiths (Johnny Marr, guitarrista del grupo, llegó a hacer pruebas con el Manchester City), The Stone Roses y Oasis (si Liam no está muy ocupado maldiciendo a su hermano Noel, probablemente acudirá el martes al Etihad Stadium).
Pasado mañana asistiremos a un conciertazo en la ciudad inglesa. El City está dando auténticos recitales esta temporada y cuenta con casi toda la banda, a excepción de Agüero, que no podrá hacer ningún solo en la ida. El Barça, por su parte, llega con la orquesta al completo, con las cuerdas afinadas y deseando dar la nota. A ver si no desafina.
Where will it end? El martes empezaremos a comprobarlo.
Where will it end? Where will it end?>> reza el estribillo de Day of the Lords, el tema que más me gusta de Joy Division, la extinta banda natal de Mánchester, donde el Barça ha jugado tantas veces contra el United y donde jugará el martes por primera vez en partido oficial ante el City.
<<¿Dónde terminará?>> se preguntaban el epiléptico, líder y malogrado Ian Curtis y los suyos. Y yo me hago la misma pregunta ahora, tras ver los últimos partidos del Barça, especialmente el del domingo pasado en Sevilla y, sobre todo, el de ayer en casa frente al Rayo Vallecano. La casa, construyéndola así, parece que no vaya a tener techo. Los pupilos de Martino están volviendo a ser reconocibles y a hacer las cosas bien. Tanto, que lo que eran dudas hace apenas un mes, ahora es alegría desbordada y optimismo a raudales, pero ojo con el City.
Tras la exhibición de ayer ante el equipo de Jémez, es fácil y lógico mirar al Manchester City con vista desafiante y sin ningún complejo. Está claro que han vuelto los mejores Messi e Iniesta, que la defensa se va consolidando partido a partido, que Neymar está listo y que ha vuelto el fútbol de toque y precisión, de posesión, de espectáculo y que se va afinando la puntería y aumentando la producción goleadora. El 6-0 de anoche lo demuestra, pero ojo con el City.
El FC Barcelona juega el martes por primera vez en partido oficial contra el 'otro' equipo de Mánchester, cuna de bandas como los mencionados Joy Division (y los posteriores New Order), The Smiths (Johnny Marr, guitarrista del grupo, llegó a hacer pruebas con el Manchester City), The Stone Roses y Oasis (si Liam no está muy ocupado maldiciendo a su hermano Noel, probablemente acudirá el martes al Etihad Stadium).
Pasado mañana asistiremos a un conciertazo en la ciudad inglesa. El City está dando auténticos recitales esta temporada y cuenta con casi toda la banda, a excepción de Agüero, que no podrá hacer ningún solo en la ida. El Barça, por su parte, llega con la orquesta al completo, con las cuerdas afinadas y deseando dar la nota. A ver si no desafina.
Where will it end? El martes empezaremos a comprobarlo.
jueves, 13 de febrero de 2014
Rondos, sí. Goles, por favor.
Después de recuperar el liderato liguero y las buenas sensaciones en el Sánchez Pizjuán, ayer en Anoeta tocaba sentenciar la eliminatoria, bien encaminada ya tras el 2-0 de la ida, y meterse en la final de la Copa del Rey, donde esperaba el Real Madrid.
Se vio en San Sebastián un partido de fútbol intenso, con dos equipos que tenían muy marcados sus roles. La Real Sociedad salió arropada por su público en un ambiente que olía a remontada quimérica.
El Barça, por su parte, saltó al terreno de juego a hacer lo que mejor sabe: jugar a fútbol.
El Tata Martino era conciente de lo que se jugaba, así que no valía especular, ni con el resultado ni con el juego, y no hubo lugar en el once titular para habituales coperos, por lo que los azulgranas salieron con su prácticamente once de gala, con Xavi, Iniesta, Busquets, Cesc y Messi juntos, algo casi insólito. Y dio resultado: el Barça sometió a la Real a una dura lección de lo que es el fútbol, aquel que se practicaba día sí, día también con Guardiola, ese fútbol en el que la posesión, el toque en corto, las triangulaciones y los laterales entrando por banda para romper la defensa rival predominaban, aquel fútbol del Barça que solo existía últimamente en la memoria culé. Ha vuelto la mejor versión del Barça. Sí, se volvió a ver a un Messi determinante (como el pasado domingo ante el Sevilla), aquel que era capaz de coger un balón en tres cuartos de campo, conducir y encarar a cuatro defensas, driblar, acomodarse el balón a la zurda y marcar, como hizo justamente ayer en el minuto 27 para poner el 0-1 y dar por sentenciada la semifinal.
No obstante, a pesar del rondo azulgrana, de esa recuperación de las mejores sensaciones, siguen fallando cosas y no hay que lanzar las campanas al vuelo; el equipo, ante tanta calidad futbolística y control excesivo del juego, a veces se relaja y baja la intensidad en defensa. Piqué ayer estuvo francamente bien, al igual que Mascherano en el centro de la zaga. Otra cosa son los laterales: Alba por el lateral izquierdo, como siempre, expeditivo... a excepción del gol de Griezmann en el 87', que valió el empate. Alves, por su parte, tiene que cargarse las pilas. Sus aportaciones ofensivas están muy bien, pero el brasileño debe tener claro que, por encima de todo, lo que tiene que hacer bien es defender. Anoche se comió un balón por alto que cayó en pies de Vela (el mejor de los txuri urdin, otra vez) y que no acabó en gol gracias a Pinto. Por cierto, el mexicano soltó en el 54' un zurdazo que se estrelló en el larguero y que vale la pena destacar. Aparte de eso, poco más. La Real vivió todo el partido a expensas del Barça. Un Barça bajo los mandos de Xavi (empieza a ser el que era), Iniesta (otro partido para enmarcar)y Busquets (en su línea habitual), con el aporte de 'falso 9 Fàbregas' y con Messi bajando y haciendo lo que le venía en gana por el centro del campo. Arriba, junto a Leo, un Pedro que está en un muy buen momento de forma y que debe seguir así.
Eso sí, otro achaque evidente a los de Martino es su falta de definición arriba. Quitando el gol de Messi y una doble ocasión del propio Leo y de Cesc que repelió fenomenalmente Zubikarai (decisivo en la eliminatoria), el conjunto azulgrana no gozó de continuas ocasiones como en anteriores partidos. El Barça hizo correr a la Real tras el balón, sí, muchos tramos del partido fueron prácticamente un rondo barcelonista, pero aún falta pegada en ataque. Intuyo que el City no será tan considerado con el Barça y, en cuanto robe un balón y tenga oportunidad, se lo hará pasar mal a los culés. Por tanto, hay que tirar más a puerta y afinar la puntería, que no solo de rondos vive el barcelonista. Rondos, sí. Goles, por favor.
El 19 de abril (si no hay cambios) veremos la primera final en la que se mete Gerardo Martino como entrenador del FC Barcelona y la séptima final copera entre Madrid y Barça, con un saldo de tres victorias para cada equipo hasta el momento.
Se vio en San Sebastián un partido de fútbol intenso, con dos equipos que tenían muy marcados sus roles. La Real Sociedad salió arropada por su público en un ambiente que olía a remontada quimérica.
El Barça, por su parte, saltó al terreno de juego a hacer lo que mejor sabe: jugar a fútbol.
El Tata Martino era conciente de lo que se jugaba, así que no valía especular, ni con el resultado ni con el juego, y no hubo lugar en el once titular para habituales coperos, por lo que los azulgranas salieron con su prácticamente once de gala, con Xavi, Iniesta, Busquets, Cesc y Messi juntos, algo casi insólito. Y dio resultado: el Barça sometió a la Real a una dura lección de lo que es el fútbol, aquel que se practicaba día sí, día también con Guardiola, ese fútbol en el que la posesión, el toque en corto, las triangulaciones y los laterales entrando por banda para romper la defensa rival predominaban, aquel fútbol del Barça que solo existía últimamente en la memoria culé. Ha vuelto la mejor versión del Barça. Sí, se volvió a ver a un Messi determinante (como el pasado domingo ante el Sevilla), aquel que era capaz de coger un balón en tres cuartos de campo, conducir y encarar a cuatro defensas, driblar, acomodarse el balón a la zurda y marcar, como hizo justamente ayer en el minuto 27 para poner el 0-1 y dar por sentenciada la semifinal.
No obstante, a pesar del rondo azulgrana, de esa recuperación de las mejores sensaciones, siguen fallando cosas y no hay que lanzar las campanas al vuelo; el equipo, ante tanta calidad futbolística y control excesivo del juego, a veces se relaja y baja la intensidad en defensa. Piqué ayer estuvo francamente bien, al igual que Mascherano en el centro de la zaga. Otra cosa son los laterales: Alba por el lateral izquierdo, como siempre, expeditivo... a excepción del gol de Griezmann en el 87', que valió el empate. Alves, por su parte, tiene que cargarse las pilas. Sus aportaciones ofensivas están muy bien, pero el brasileño debe tener claro que, por encima de todo, lo que tiene que hacer bien es defender. Anoche se comió un balón por alto que cayó en pies de Vela (el mejor de los txuri urdin, otra vez) y que no acabó en gol gracias a Pinto. Por cierto, el mexicano soltó en el 54' un zurdazo que se estrelló en el larguero y que vale la pena destacar. Aparte de eso, poco más. La Real vivió todo el partido a expensas del Barça. Un Barça bajo los mandos de Xavi (empieza a ser el que era), Iniesta (otro partido para enmarcar)y Busquets (en su línea habitual), con el aporte de 'falso 9 Fàbregas' y con Messi bajando y haciendo lo que le venía en gana por el centro del campo. Arriba, junto a Leo, un Pedro que está en un muy buen momento de forma y que debe seguir así.
Eso sí, otro achaque evidente a los de Martino es su falta de definición arriba. Quitando el gol de Messi y una doble ocasión del propio Leo y de Cesc que repelió fenomenalmente Zubikarai (decisivo en la eliminatoria), el conjunto azulgrana no gozó de continuas ocasiones como en anteriores partidos. El Barça hizo correr a la Real tras el balón, sí, muchos tramos del partido fueron prácticamente un rondo barcelonista, pero aún falta pegada en ataque. Intuyo que el City no será tan considerado con el Barça y, en cuanto robe un balón y tenga oportunidad, se lo hará pasar mal a los culés. Por tanto, hay que tirar más a puerta y afinar la puntería, que no solo de rondos vive el barcelonista. Rondos, sí. Goles, por favor.
El 19 de abril (si no hay cambios) veremos la primera final en la que se mete Gerardo Martino como entrenador del FC Barcelona y la séptima final copera entre Madrid y Barça, con un saldo de tres victorias para cada equipo hasta el momento.
jueves, 6 de febrero de 2014
La Copa medio llena
Y no me refiero a la afluencia de público (38.000 espectadores en el Camp Nou, la segunda peor entrada de la temporada), sino a ser positivos. Así es como tienen que ver la copa los seguidores del Barça tras el partido de anoche. Por dos razones: los de Martino hicieron ayer un muy buen partido desde el primer minuto y no cayeron en los errores del último encuentro ante el Valencia. Además de eso, los azulgranas ponen pie y medio en la final de copa.
Puede que se quiera atribuir el triunfo de anoche a goles de rebote, suerte o incluso favores arbitrales. Me niego rotundamente a pensar que, si no hubiese sido por el tragicómico gol en propia puerta de la Real en el 2-0 o por el penalti no señalado a Vela que a la jugada siguiente acabó con el 1-0, el Barça no le podría haber metido igualmente un carro a la Real Sociedad. Motivos hay para pensarlo: tres ocasiones clarísimas de Messi -una de ellas, una falta magistralmente lanzada que fue al larguero-, las oportunidades -también muy claras- de Pedro, Cesc, Alexis o Alves pero, sobre todo, el despliegue de juego que llevó a cabo el Barça desde el minuto uno hasta el noventa. Tocando, atosigando al rival, encerrándole en su área constantemente, poniéndole contra las cuerdas y generando ocasiones que, desafortunadamente para los intereses locales no se materializaron, impidiendo que el Barça lograra ayer mismo sentenciar del todo la eliminatoria. Enfrente estaba la Real Sociedad -que me parece mejor equipo que el Valencia -dicho sea de paso-, que solo consiguió crear peligro a la contra con jugadas protagonizadas por esos dos zurdos soberbios que tiene entre sus filas el conjunto txuri urdin: Carlos Vela y Antoine Griezmann. Los de Arrasate lo tuvieron cerca en dos ocasiones. Primero, en un tiro del francés que repelió muy bien Pinto. Luego, en un mano a mano del mexicano Vela que el de El Puerto de Santa María logró atajar. Eso sí, esa jugada no estuvo exenta de polémica y para muchos cambió el signo del partido. Carlos Vela llegó al área culé forcejeando con Mascherano y este pudo derribarle, sí, pero ni mucho menos me pareció un "penalti clarísimo y expulsión", como aseguraba en rueda de prensa el técnico realista. Y justo después de eso, ataque del Barça, toda la Real en su área, Busquets pasa por allí y pone el 1-0. Iñigo Martínez sigue protestando a González González por la jugada anterior, le dice que se vaya a tomar por no sé dónde y la Real se queda con diez.
Segunda parte, misma tónica. El Barça sabía que merecía mucho más que un solitario gol. El juego estaba acompañando, se estaban creando ocasiones y, por supuesto, se estaba manteniendo la actitud ganadora (sin pájaras como en el último encuentro liguero). Por tanto, el Barça lo buscaba y lo buscaba, pero no encontraba el premio. Y, paradojas y caprichos del fútbol, el premio llegó de la forma menos merecida posible. Un gran pase de Cesc al espacio para Alexis, que define con la zurda y el balón se va al palo. Mala suerte. Ah, no... se propone despejar Elustondo, el balón golpea en el pecho de Zubikarai y el 2-0 sube al marcador. Como en el 1-0, la Real pasa del cielo al infierno en cuestión de segundos.
Quedaba media hora y el Barça seguía a lo suyo. Tocando, intentando combinar entre líneas, pero era complicado: la Real había puesto cinco hombres atrás y costaba entrar. Eso sí, ocasiones no faltaron. Pedro se la jugó desde fuera del área en varias ocasiones, incluso Iniesta -que entró por Alexis- probó también desde fuera y, especialmente, una de Messi a cinco minutos del final que habría supuesto el tercero y prácticamente la sentencia de la eliminatoria. Buen partido del Barça en mi opinión y mala suerte -si esta existe- para un equipo y para el otro. Unos, por fallar tantas ocasiones; los otros, por hacerse en propia el esperpéntico 2-0. Movidas y discusiones arbitrales aparte (el Barça también reclamó un penalti, por mano dentro del área), los de Martino merecieron la victoria sin lugar a dudas. Solo las contras de la Real pudieron pasarle factura a los azulgranas. En ese tipo de jugadas deberán tener sumo cuidado los hombres de Martino, especialmente ante rivales tan potentes como el venidero Manchester City, que no suele perdonar en esas ocasiones.
A pesar de eso, me gustó el Barça. Me quedo con su mordiente ofensiva y con su dominio del balón. Quizás yo vi otro partido por la tele, porque todo el mundo habla hoy de mal juego, de suerte y de casualidades. Y estas no existen. Unas veces las circunstancias -ocasiones de gol, decisiones arbitrales...- benefician y otras perjudican. Lo que está claro es que solo por las circunstancias no se ganan los partidos. Al fútbol se gana jugando bien. Y el Barça va por buen camino. Así lo creo yo. Solo falta que jugadores y aficionados también lo vean así, con mi optimismo, con la Copa (del Rey, en este caso) medio llena.
Por cierto, la final huele ya a clásico.
Puede que se quiera atribuir el triunfo de anoche a goles de rebote, suerte o incluso favores arbitrales. Me niego rotundamente a pensar que, si no hubiese sido por el tragicómico gol en propia puerta de la Real en el 2-0 o por el penalti no señalado a Vela que a la jugada siguiente acabó con el 1-0, el Barça no le podría haber metido igualmente un carro a la Real Sociedad. Motivos hay para pensarlo: tres ocasiones clarísimas de Messi -una de ellas, una falta magistralmente lanzada que fue al larguero-, las oportunidades -también muy claras- de Pedro, Cesc, Alexis o Alves pero, sobre todo, el despliegue de juego que llevó a cabo el Barça desde el minuto uno hasta el noventa. Tocando, atosigando al rival, encerrándole en su área constantemente, poniéndole contra las cuerdas y generando ocasiones que, desafortunadamente para los intereses locales no se materializaron, impidiendo que el Barça lograra ayer mismo sentenciar del todo la eliminatoria. Enfrente estaba la Real Sociedad -que me parece mejor equipo que el Valencia -dicho sea de paso-, que solo consiguió crear peligro a la contra con jugadas protagonizadas por esos dos zurdos soberbios que tiene entre sus filas el conjunto txuri urdin: Carlos Vela y Antoine Griezmann. Los de Arrasate lo tuvieron cerca en dos ocasiones. Primero, en un tiro del francés que repelió muy bien Pinto. Luego, en un mano a mano del mexicano Vela que el de El Puerto de Santa María logró atajar. Eso sí, esa jugada no estuvo exenta de polémica y para muchos cambió el signo del partido. Carlos Vela llegó al área culé forcejeando con Mascherano y este pudo derribarle, sí, pero ni mucho menos me pareció un "penalti clarísimo y expulsión", como aseguraba en rueda de prensa el técnico realista. Y justo después de eso, ataque del Barça, toda la Real en su área, Busquets pasa por allí y pone el 1-0. Iñigo Martínez sigue protestando a González González por la jugada anterior, le dice que se vaya a tomar por no sé dónde y la Real se queda con diez.
Segunda parte, misma tónica. El Barça sabía que merecía mucho más que un solitario gol. El juego estaba acompañando, se estaban creando ocasiones y, por supuesto, se estaba manteniendo la actitud ganadora (sin pájaras como en el último encuentro liguero). Por tanto, el Barça lo buscaba y lo buscaba, pero no encontraba el premio. Y, paradojas y caprichos del fútbol, el premio llegó de la forma menos merecida posible. Un gran pase de Cesc al espacio para Alexis, que define con la zurda y el balón se va al palo. Mala suerte. Ah, no... se propone despejar Elustondo, el balón golpea en el pecho de Zubikarai y el 2-0 sube al marcador. Como en el 1-0, la Real pasa del cielo al infierno en cuestión de segundos.
Quedaba media hora y el Barça seguía a lo suyo. Tocando, intentando combinar entre líneas, pero era complicado: la Real había puesto cinco hombres atrás y costaba entrar. Eso sí, ocasiones no faltaron. Pedro se la jugó desde fuera del área en varias ocasiones, incluso Iniesta -que entró por Alexis- probó también desde fuera y, especialmente, una de Messi a cinco minutos del final que habría supuesto el tercero y prácticamente la sentencia de la eliminatoria. Buen partido del Barça en mi opinión y mala suerte -si esta existe- para un equipo y para el otro. Unos, por fallar tantas ocasiones; los otros, por hacerse en propia el esperpéntico 2-0. Movidas y discusiones arbitrales aparte (el Barça también reclamó un penalti, por mano dentro del área), los de Martino merecieron la victoria sin lugar a dudas. Solo las contras de la Real pudieron pasarle factura a los azulgranas. En ese tipo de jugadas deberán tener sumo cuidado los hombres de Martino, especialmente ante rivales tan potentes como el venidero Manchester City, que no suele perdonar en esas ocasiones.
A pesar de eso, me gustó el Barça. Me quedo con su mordiente ofensiva y con su dominio del balón. Quizás yo vi otro partido por la tele, porque todo el mundo habla hoy de mal juego, de suerte y de casualidades. Y estas no existen. Unas veces las circunstancias -ocasiones de gol, decisiones arbitrales...- benefician y otras perjudican. Lo que está claro es que solo por las circunstancias no se ganan los partidos. Al fútbol se gana jugando bien. Y el Barça va por buen camino. Así lo creo yo. Solo falta que jugadores y aficionados también lo vean así, con mi optimismo, con la Copa (del Rey, en este caso) medio llena.
Por cierto, la final huele ya a clásico.