jueves, 13 de febrero de 2014

Rondos, sí. Goles, por favor.

Después de recuperar el liderato liguero y las buenas sensaciones en el Sánchez Pizjuán, ayer en Anoeta tocaba sentenciar la eliminatoria, bien encaminada ya tras el 2-0 de la ida, y meterse en la final de la Copa del Rey, donde esperaba el Real Madrid.
Se vio en San Sebastián un partido de fútbol intenso, con dos equipos que tenían muy marcados sus roles. La Real Sociedad salió arropada por su público en un ambiente que olía a remontada quimérica.
El Barça, por su parte, saltó al terreno de juego a hacer lo que mejor sabe: jugar a fútbol.
El Tata Martino era conciente de lo que se jugaba, así que no valía especular, ni con el resultado ni con el juego, y no hubo lugar en el once titular para habituales coperos, por lo que los azulgranas salieron con su prácticamente once de gala, con Xavi, Iniesta, Busquets, Cesc y Messi juntos, algo casi insólito. Y dio resultado: el Barça sometió a la Real a una dura lección de lo que es el fútbol, aquel que se practicaba día sí, día también con Guardiola, ese fútbol en el que la posesión, el toque en corto, las triangulaciones y los laterales entrando por banda para romper la defensa rival predominaban, aquel fútbol del Barça que solo existía últimamente en la memoria culé. Ha vuelto la mejor versión del Barça. Sí, se volvió a ver a un Messi determinante (como el pasado domingo ante el Sevilla), aquel que era capaz de coger un balón en tres cuartos de campo, conducir y encarar a cuatro defensas, driblar, acomodarse el balón a la zurda y marcar, como hizo justamente ayer en el minuto 27 para poner el 0-1 y dar por sentenciada la semifinal.
No obstante, a pesar del rondo azulgrana, de esa recuperación de las mejores sensaciones, siguen fallando cosas y no hay que lanzar las campanas al vuelo; el equipo, ante tanta calidad futbolística y control excesivo del juego, a veces se relaja y baja la intensidad en defensa. Piqué ayer estuvo francamente bien, al igual que Mascherano en el centro de la zaga. Otra cosa son los laterales: Alba por el lateral izquierdo, como siempre, expeditivo... a excepción del gol de Griezmann en el 87', que valió el empate. Alves, por su parte, tiene que cargarse las pilas. Sus aportaciones ofensivas están muy bien, pero el brasileño debe tener claro que, por encima de todo, lo que tiene que hacer bien es defender. Anoche se comió un balón por alto que cayó en pies de Vela (el mejor de los txuri urdin, otra vez) y que no acabó en gol gracias a Pinto. Por cierto, el mexicano soltó en el 54' un zurdazo que se estrelló en el larguero y que vale la pena destacar. Aparte de eso, poco más. La Real vivió todo el partido a expensas del Barça. Un Barça bajo los mandos de Xavi (empieza a ser el que era), Iniesta (otro partido para enmarcar)y Busquets (en su línea habitual), con el aporte de 'falso 9 Fàbregas' y con Messi bajando y haciendo lo que le venía en gana por el centro del campo. Arriba, junto a Leo, un Pedro que está en un muy buen momento de forma y que debe seguir así.
Eso sí, otro achaque evidente a los de Martino es su falta de definición arriba. Quitando el gol de Messi y una doble ocasión del propio Leo y de Cesc que repelió fenomenalmente Zubikarai (decisivo en la eliminatoria), el conjunto azulgrana no gozó de continuas ocasiones como en anteriores partidos. El Barça hizo correr a la Real tras el balón, sí, muchos tramos del partido fueron prácticamente un rondo barcelonista, pero aún falta pegada en ataque. Intuyo que el City no será tan considerado con el Barça y, en cuanto robe un balón y tenga oportunidad, se lo hará pasar mal a los culés. Por tanto, hay que tirar más a puerta y afinar la puntería, que no solo de rondos vive el barcelonista. Rondos, sí. Goles, por favor.

El 19 de abril (si no hay cambios) veremos la primera final en la que se mete Gerardo Martino como entrenador del FC Barcelona y la séptima final copera entre Madrid y Barça, con un saldo de tres victorias para cada equipo hasta el momento.

jueves, 6 de febrero de 2014

La Copa medio llena

Y no me refiero a la afluencia de público (38.000 espectadores en el Camp Nou, la segunda peor entrada de la temporada), sino a ser positivos. Así es como tienen que ver la copa los seguidores del Barça tras el partido de anoche. Por dos razones: los de Martino hicieron ayer un muy buen partido desde el primer minuto y no cayeron en los errores del último encuentro ante el Valencia. Además de eso, los azulgranas ponen pie y medio en la final de copa.

Puede que se quiera atribuir el triunfo de anoche a goles de rebote, suerte o incluso favores arbitrales. Me niego rotundamente a pensar que, si no hubiese sido por el tragicómico gol en propia puerta de la Real en el 2-0 o por el penalti no señalado a Vela que a la jugada siguiente acabó con el 1-0, el Barça no le podría haber metido igualmente un carro a la Real Sociedad. Motivos hay para pensarlo: tres ocasiones clarísimas de Messi -una de ellas, una falta magistralmente lanzada que fue al larguero-, las oportunidades -también muy claras- de Pedro, Cesc, Alexis o Alves pero, sobre todo, el despliegue de juego que llevó a cabo el Barça desde el minuto uno hasta el noventa. Tocando, atosigando al rival, encerrándole en su área constantemente, poniéndole contra las cuerdas y generando ocasiones que, desafortunadamente para los intereses locales no se materializaron, impidiendo que el Barça lograra ayer mismo sentenciar del todo la eliminatoria. Enfrente estaba la Real Sociedad -que me parece mejor equipo que el Valencia -dicho sea de paso-, que solo consiguió crear peligro a la contra con jugadas protagonizadas por esos dos zurdos soberbios que tiene entre sus filas el conjunto txuri urdin: Carlos Vela y Antoine Griezmann. Los de Arrasate lo tuvieron cerca en dos ocasiones. Primero, en un tiro del francés que repelió muy bien Pinto. Luego, en un mano a mano del mexicano Vela que el de El Puerto de Santa María logró atajar. Eso sí, esa jugada no estuvo exenta de polémica y para muchos cambió el signo del partido. Carlos Vela llegó al área culé forcejeando con Mascherano y este pudo derribarle, sí, pero ni mucho menos me pareció un "penalti clarísimo y expulsión", como aseguraba en rueda de prensa el técnico realista. Y justo después de eso, ataque del Barça, toda la Real en su área, Busquets pasa por allí y pone el 1-0. Iñigo Martínez sigue protestando a González González por la jugada anterior, le dice que se vaya a tomar por no sé dónde y la Real se queda con diez.
Segunda parte, misma tónica. El Barça sabía que merecía mucho más que un solitario gol. El juego estaba acompañando, se estaban creando ocasiones y, por supuesto, se estaba manteniendo la actitud ganadora (sin pájaras como en el último encuentro liguero). Por tanto, el Barça lo buscaba y lo buscaba, pero no encontraba el premio. Y, paradojas y caprichos del fútbol, el premio llegó de la forma menos merecida posible. Un gran pase de Cesc al espacio para Alexis, que define con la zurda y el balón se va al palo. Mala suerte. Ah, no... se propone despejar Elustondo, el balón golpea en el pecho de Zubikarai y el 2-0 sube al marcador. Como en el 1-0, la Real pasa del cielo al infierno en cuestión de segundos.
Quedaba media hora y el Barça seguía a lo suyo. Tocando, intentando combinar entre líneas, pero era complicado: la Real había puesto cinco hombres atrás y costaba entrar. Eso sí, ocasiones no faltaron. Pedro se la jugó desde fuera del área en varias ocasiones, incluso Iniesta -que entró por Alexis- probó también desde fuera y, especialmente, una de Messi a cinco minutos del final que habría supuesto el tercero y prácticamente la sentencia de la eliminatoria. Buen partido del Barça en mi opinión y mala suerte -si esta existe- para un equipo y para el otro. Unos, por fallar tantas ocasiones; los otros, por hacerse en propia el esperpéntico 2-0. Movidas y discusiones arbitrales aparte (el Barça también reclamó un penalti, por mano dentro del área), los de Martino merecieron la victoria sin lugar a dudas. Solo las contras de la Real pudieron pasarle factura a los azulgranas. En ese tipo de jugadas deberán tener sumo cuidado los hombres de Martino, especialmente ante rivales tan potentes como el venidero Manchester City, que no suele perdonar en esas ocasiones.
A pesar de eso, me gustó el Barça. Me quedo con su mordiente ofensiva y con su dominio del balón. Quizás yo vi otro partido por la tele, porque todo el mundo habla hoy de mal juego, de suerte y de casualidades. Y estas no existen. Unas veces las circunstancias -ocasiones de gol, decisiones arbitrales...- benefician y otras perjudican. Lo que está claro es que solo por las circunstancias no se ganan los partidos. Al fútbol se gana jugando bien. Y el Barça va por buen camino. Así lo creo yo. Solo falta que jugadores y aficionados también lo vean así, con mi optimismo, con la Copa (del Rey, en este caso) medio llena.

Por cierto, la final huele ya a clásico.

sábado, 1 de febrero de 2014

A la luna de Valencia, desde Barcelona

Tras el minuto de silencio por el inesperado fallecimiento de Luis Aragonés (que en paz descanse), el Barça salió en tromba a buscar los goles y el espectáculo que animaran al Camp Nou en el primer partido de la jornada sabatina. Y empezaron bien, porque a los 7 minutos Alexis, de disparo mordido y un tanto raro, puso el 1-0 en el electrónico. Los de Martino, hoy con el once prácticamente de gala (excepto Cesc, que suplió a Iniesta) buscaron con ahínco presionar, morder y marcar. Sin embargo, a pesar de las múltiples ocasiones y llegadas que protagonizaron los azulgranas, el segundo gol no llegaba, cosa extraña, porque la primera media hora de juego fue una de las mejores que le recuerdo al Barça de los últimos meses. Entre medio, el Valencia gozaba de alguna contra cuando el Barça le cedía un balón y terreno para correr. Parecía que se iba a llegar a la media parte con el marcador como estaba, pero justo cuando Pichi Alonso decía en la retransmisión del partido que <<lo mejor que le podría pasar al Valencia es irse al descanso con 1-0>>... ¡Zas! Busquets (hoy bastante mal) pierde un balón en su propio campo, el Valencia monta rápidamente la jugada y Parejo (el mejor de los visitantes) empuja para el 1-1. Gol psicológico y jarro de agua fría para el Barça. Descanso.
Aún no había abandonado el cuerpo de los aficionados barcelonistas esa sensación extraña que había dejado el empate cuando, a los tres minutos de la reanudación, el Valencia hacía el 1-2, por mediación de Piatti, que remataba de cabeza un balón de playa al que no pudo llegar Valdés (quien, por cierto, cometió en los últimos minutos de la primera parte una salida en falso en un córner que me puso los pelos de punta).
El Barça necesitaba reaccionar de la pájara que le había dado. Se trataba de buscar a Messi entre líneas, romper la defensa valencianista (cercana al 'catenaccio') y, sobre todo, seguir manteniendo el balón, que las ocasiones acabarían llegando. A los pocos minutos, una internada del Barça en área rival provocó que mi paisano Pérez Montero señalara penalti tras una discutible mano de Ricardo Costa. Messi lanzó la pena máxima de forma imparable para Diego Alves. 2-2.
La afición del Camp Nou empezaba de nuevo a animar con fuerza, pero el Valencia, que ya estaba crecido, no quería dejar escapar la oportunidad de dar la sorpresa en el feudo azulgrana. Tanto es así que a los cinco minutos los de Juan Antonio Pizzi volvieron a adelantarse en el marcador. Un sensacional Feghouli se va de cuatro en la frontal del área, llega a línea de fondo, pone el centro atrás y Paco Alcácer le gana la partida a un difuso Piqué para hacer el 2-3 definitivo.
A partir de ahí, nervios y juego espeso, y el Valencia, que evidentemente ya no tenía ninguna prisa, a lo suyo. Entró Iniesta por Xavi -bastante lineal- para dar profundidad, pero el conjunto ché se replegaba a la perfección cuando los de Martino llegaban al campo rival. El Barça seguía buscando romper la defensa con combinaciones Alves -el mejor del Barça hoy- y un poco inspirado Leo Messi al que no le salía casi nada. Y, como siempre llueve sobre mojado en Can Barça, para acabarlo de arreglar Jordi Alba vio la segunda tarjeta amarilla y dejó al equipo con diez en el último tramo del encuentro.
En este último tramo entró Tello en detrimento de un lento e ineficaz Cesc, pero la empanada era ya monumental. El Barça no conseguía su propósito de hacer tan siquiera el empate, y encima estuvo a punto de ver cómo el Valencia ponía el estoque final en una de las muchas contras con espacio por delante que tuvieron.
Ya en el descuento, Messi -en un jugadón con Alves e Iniesta- estuvo cerca de salvar los muebles, pero su disparo se marchó levemente desviado.

LO MEJOR: La primera media hora del Barça.

LO PEOR: Evidentemente, la derrota de hoy (que hará que los del Tata se levanten el lunes como segundos o terceros) y, nuevamente, la debilidad defensiva (a poco que se aproveche el Manchester City de esta, podrá hacer muchísimo daño al Barça).

El Barça podría haber sentenciado en la primera parte y, finalmente, por mala suerte, relajación o vete a saber qué, se acaba dejando los tres puntos en la primera derrota de la temporada en el Camp Nou. Toca despertar, pensar en la Real Sociedad y no volver a quedarse a la luna de Valencia.

jueves, 30 de enero de 2014

La lluvia y lo de siempre

Cantando bajo la lluvia. Así es como despidió el Barça los cuartos de final de la Copa del Rey ante el Levante. Hacía tiempo que no se veía en el Camp Nou un partido de fútbol con la lluvia como protagonista. Y condiciones meteorológicas aparte, el agua sirvió para que el encuentro ganase en velocidad -en ocasiones, a lo loco- pero, sobre todo, sirvió para apaciguar bastante el incendio institucional del que se viene hablando en Barcelona en los últimos días. El equipo de Martino se puso ayer el chubasquero anticonformismo y decidió tratar al rival, el equipo de Joaquín Caparrós, como se merece: con respeto.
El 1-4 de la ida era más que suficiente para pasar a semis. Aun así, los azulgranas quisieron darle las gracias a los poco más de 25.000 aficionados que (no) llenaban las gradas intentando dar espectáculo, ganando y marcando goles. Y lo hicieron. Antes, no obstante, en los primeros compases dubitativos del partido, el Levante vio cómo el karma le pedía disculpas por el gol del empate del Barça en la ida y le ponía el 0-1 a su favor tras rebote desafortunado de Sergi Roberto. Después de eso, ya sí, comenzaron los ataques frenéticos, las jugadas de combinación y una mordiente ofensiva que en ocasiones se echa en falta en el Estadi. Comandado por Iniesta, que volvía tras su lesión, el Barça ofreció una réplica de anteriores partidos de vuelta ante un rival menor, dando muestra de cosas muy buenas, sí, pero de otras deficientes.
Cosas buenas: el empate de Adriano, reivindicando que chutar desde fuera del área también debe servir en Can Barça. El 2-1, obra de Puyol, que hacía un año que no marcaba (hizo la clásica: remate de cabeza entrando como un toro). También me gustó el prácticamente inédito instinto 'killer' de Alexis, que ayer metió dos goles (3-1 y 4-1) de esos de "era solo empujarla, pero hay que estar ahí", demostrando que en algún partido puede jugar de 9. Me moló bastante eso de que Mascherano, en los minutos finales, entrara para jugar en su posición natural (donde jugaba en el Liverpool) y, sobre todo, me encantó volver a ver a Afellay jugando a fútbol después de un año lesionado. El quinto, de Cesc, no estuvo mal.
¿Que qué no me gustó? la debilidad del Barça en el juego aéreo. Eso, y Song y Montoya. Lo de siempre.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...